Escrito por Victoria Orozco
Esta es la edición #2 del newsletter mensual “Herramientas para crecer en tu carrera en políticas públicas”, que explora la intersección entre liderazgo, desarrollo profesional y neurociencia, con un objetivo claro: convertir conocimiento experto en ideas prácticas que puedas aplicar en tu vida profesional en el campo de las políticas públicas.
Una idea simple 💡
Muchas veces un CV “fuerte” o una buena entrevista no se logran con más información, sino con una mejor organización de esta.
Hace unos años tuve una entrevista que creí perfecta. Mi experiencia estaba alineada y respondí cada pregunta con detalle y confianza. Días después, alguien del equipo me dio un feedback honesto: “Nos gustaste mucho, pero nos costó explicar exactamente qué hacés”.
Ahí entendí algo clave: no alcanza con hacer bien las cosas; hay que lograr que otros puedan entenderlas, recordarlas y contarlas.
En contextos competitivos, el problema rara vez es “falta de capacidad”. Más comúnmente, es que el mercado no logra entender con claridad qué hacemos, cómo pensamos y qué impacto podemos generar. Y acá aparece una herramienta muy concreta: contar tu experiencia como historias breves, no como listas.
📚 Lo que dice la evidencia (sin ponerse académicas)
En experimentos controlados, investigadores encontraron una brecha clara entre historias y estadísticas: después de un día, el impacto de una estadística en las creencias se diluyó alrededor de 73%, mientras que el de una historia se diluyó cerca de 32%. [1] Dicho simple: las historias “duran” más en la memoria.
Esto no significa que los datos no importen. Significa que, si querés que recuerden tu trabajo, los datos necesitan contexto: qué problema había, qué decisión se destrabó y por qué importó. Lo que sucede es que cuando escuchamos una historia bien construida, ocurren al menos tres cosas importantes:
1️⃣ Se sostiene mejor la atención. Las historias generan una pregunta implícita: “¿qué va a pasar después?”. Esa expectativa mantiene la atención de forma más natural que una enumeración.
2️⃣ Mejora la memoria. Recordamos mejor cuando la información está conectada. Una historia vincula contexto, problema, decisión y resultado, y esos vínculos facilitan que el cerebro consolide el recuerdo. En cambio, una lista de puntos sueltos requiere esfuerzo extra para ser recordada.
3️⃣ Se activa la relevancia. La memoria no es un archivo neutral; es un sistema selectivo. El cerebro recuerda más lo que considera importante para el futuro. Las historias suelen incluir tensión, incertidumbre o desafío, y eso señala que vale la pena guardar esa información.
¿Por qué esto es clave en políticas públicas?
Porque en políticas públicas el impacto muchas veces es difícil de “medir” en una sola métrica y muchas veces, sin querer, terminamos listado muchas tareas. Sin embargo, nuestro impacto sí se puede contar de forma clara y recordable usando micro-historias.
Ejemplos de micro-historias típicas en nuestro mundo (y que pueden reflejar trabajos como los que hacemos en Hacedoras y en proyectos de análisis aplicado):
- “Había que decidir dónde enfocar recursos en un programa. Organicé evidencia y mapeé brechas territoriales. Eso permitió priorizar 3 líneas de acción con respaldo y consenso.”
- “El equipo tenía datos dispersos y decisiones trabadas. Armé una base integrada y un tablero simple. Eso aceleró el ciclo de decisión y dejó un sistema replicable.”
- “La conversación estaba en opiniones. Convertí el problema en preguntas medibles, definí indicadores y armé un análisis comparativo. Eso cambió la discusión de ‘qué creemos’ a ‘qué sabemos’.”
Cuatro ideas para mejorar tu CV y entrevistas (hoy)
1️⃣ Convertí tareas en micro-historias. Una buena historia no es “hice X”. Es “hice X y cambió Y”. Usa esta estructura: “Ante [problema], hice [acción], lo que logró [resultado], y permitió [para qué/decisión/impacto]”.
2️⃣ Anclá con 1 dato, aunque sea pequeño. En políticas públicas, muchas veces el dato no es un “numero” sino escala, tiempo o coordinación. Por ejemplo: plazo (en semanas/meses), cantidad de actores (municipios, áreas, actores), alcance (territorios, población objetivo), entregable (herramienta, protocolo, tablero, recomendación). El dato funciona como ancla: le da “peso” y ayuda a que te crean y te recuerden.
3️⃣ Elegí 2–3 historias y repetilas con coherencia. Un error común es querer contar todo. Eso produce respuestas largas, poco claras y difíciles de recordar. Elegí dos o tres historias de alto impacto y repetilas (con la misma lógica) en tu CV, LinkedIn y entrevistas.
4️⃣ Practicá tus primeros 10 segundos. En entrevistas, tu primer minuto suele definir el marco. Probá esta fórmula: “Yo soy [rol/identidad profesional]. Me especializo en [tipo de problemas]. En mi último proyecto, [micro-historia en 2 líneas].”
Para cerrar
La empleabilidad no es solo lo que sabés: es qué tan fácil es para otra persona entender tu valor, confiar en tu criterio y recordarte después. Y, a nivel cognitivo, las historias son uno de los formatos más eficaces para que eso suceda.
¿Cuál es la historia profesional que hoy mejor te representa? ¡Te leemos!
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Fuentes:
En esta edición, nos inspiramos especialmente en el trabajo de Patricia Jebsen, una referente en empleabilidad y desarrollo profesional, cuyas ideas sobre cómo comunicar el propio valor, construir un perfil claro y prepararse para entrevistas atraviesan todo el newsletter.
A partir de sus aportes, sumamos herramientas de la neurociencia para entender por qué algunas experiencias se recuerdan mejor que otras. Si te interesa profundizar en la ciencia detrás de la memoria y entender por qué el cerebro recuerda mejor las historias que las listas, te recomiendo el episodio “Understand & Improve Memory Using Science-Based Tools” del podcast Huberman Lab.
Otras fuentes citadas en esta edición incluyen:
[1] Thomas Graeber, Christopher Roth y Florian Zimmermann (2024). “Stories, Statistics, and Memory”. The Quarterly Journal of Economics, 139(4), 2181–2224. (Oxford Academic).



