June 15, 2026

¿Tienes una idea? Te contamos por dónde empezar o cómo seguir

¿Tienes una idea?

Te contamos por dónde empezar o cómo seguir

Escrito por Victoria Orozco

Esta es la edición #4 del newsletter mensual “Herramientas para crecer en tu carrera en políticas públicas”, que explora la intersección entre liderazgo, desarrollo profesional y neurociencia, con un objetivo claro: convertir el conocimiento experto en ideas prácticas que puedas aplicar en tu vida y tu carrera.

Esa idea que sigue apareciendo

En la última Cumbre de Hacedoras, en Lima, pasó algo que me quedó dando vueltas. No fue una sola conversación, sino muchas. Con mujeres de distintos países, distintos roles, distintas trayectorias. Algunas con años de carrera. Algunas recién están empezando. Algunas con un trabajo que las emociona y las desafía, y otras en un momento de cambio.

Y en muchas de esas conversaciones apareció, en algún momento, la misma frase:

“Tengo una idea que quiero desarrollar, pero…”

Una joven del interior del país quería armar un proyecto para conectar a niños de su región con oportunidades: llevar información a las escuelas, a las actividades comunitarias, adonde están esos niños. Una mujer con trayectoria en varios países, que migró de Colombia a Perú y busca impulsar una ONG para apoyar a mujeres migrantes, facilitando el acceso a información, recursos y contactos para que estas mujeres prosperen y construyan una vida digna.

Lo que me sorprendió no fue que estas ideas existieran. Lo que me sorprendió fue lo universal que es este deseo, y lo poco que nos damos la oportunidad de tomarlo en serio. Estamos tan ocupadas respondiendo al trabajo que el mundo nos pide que, pocas veces, nos hacemos la pregunta sobre el trabajo que queremos proponerles nosotras. ¡Esto nos pasa a todos!

Este newsletter es esa invitación. Y lo que voy a compartir no es teoría: es lo que aprendimos construyendo Hacedoras.

Tu proyecto no es un lujo

Hay algo que pocas veces se dice en voz alta: el trabajo principal, por bueno que sea, no puede darlo todo. Y eso está bien. Tenemos intereses que no caben en nuestro rol, preguntas que queremos explorar sin que nadie nos las encargue, problemas que vemos y que nadie en nuestra organización tiene el mandato de resolver.

Un proyecto propio no es señal de que algo falle en tu trabajo actual. Puede ser algo completamente separado de él, o bien una iniciativa que impulsás desde adentro de tu propia organización. En cualquier caso, es una forma de honrar partes de quien sos que tu rol actual no alcanza a cubrir: tu curiosidad, tu experiencia de vida, los retos que viste de cerca.

La neurociencia tiene algo interesante que decir acá. El estado de flow, esa concentración plena que Mihaly Csikszentmihalyi describió en su libro “Flow: The Psychology of Optimal Experience”, aparece cuando trabajamos en algo que nos desafía al límite de nuestra capacidad y tiene un sentido genuino para nosotras. El trabajo rutinario rara vez lo produce. Los proyectos propios, casi siempre.

No es un lujo. Es una forma de mantenerte creativa, motivada y conectada con tu propia voz.

El método: cuatro pasos para ponerte metas y avanzar

Lo que sigue es el método que, hoy en retrospectiva, seguimos para empezar Hacedoras. No lo teníamos escrito así en ese momento: fue surgiendo a partir de las múltiples conversaciones que tuvimos con otras personas que ya habían lanzado proyectos y de los errores que cometimos en el camino.

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Paso 1: Claridad: qué querés hacer y por qué te importa

El primer obstáculo casi nunca es la falta de tiempo. Es la falta de claridad sobre qué es exactamente lo que querés construir y por qué te importa a vos. Los proyectos que sobreviven a las etapas difíciles son los que tienen una razón personal genuina detrás.

Si todavía estás tratando de encontrar ese espacio, una herramienta útil es el Ikigai: un concepto japonés que propone buscar la intersección de cuatro preguntas:

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Recurso: Guía del ikigai con ejemplos

Si ya encontraste tu espacio, el siguiente paso es redactar un documento breve (dos carillas) con la visión, la misión y los objetivos de tu proyecto. Al principio puede parecer un ejercicio abstracto (todavía me acuerdo de esas primeras veces intentando describir la misión de Hacedoras, no entendía para qué lo estaba haciendo), pero a medida que el proyecto toma forma, te das cuenta de lo importante que es tener ese norte escrito. Además, esa visión tiene que ser compartida: es la que permite alinear a quienes trabajan o colaboran con vos y le da coherencia al proyecto cuando las decisiones se vuelven difíciles o complejas.

También es el momento de hablar con otras personas. Buscar tres personas que ya hayan recorrido un camino similar al que querés recorrer y tener una conversación honesta con ellas vale más que meses de investigación propia.

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Paso 2: Forma: cómo va a existir tu proyecto

Una vez que sabés qué, viene el cómo. Un proyecto puede ser muchas cosas: un blog, un newsletter, una comunidad, una herramienta digital, un programa de formación, una consultora, una ONG, o incluso una iniciativa que impulsás desde adentro de tu propia organización. La clave es elegir el formato que puedas sostener con lo que ya tenés hoy.

Para elegir bien, es importante investigar: ¿Qué causas explican el problema y cuál de ellas quiero atacar?, ¿Cómo están abordando otros el mismo problema?, ¿Qué falta en el ecosistema? Eso moldea la forma. Por forma me refiero a lo siguiente: si buscamos crear un proyecto para, por ejemplo, mejorar las habilidades de comunicación de las niñas en la secundaria (que sabemos que son habilidades que las mujeres tenemos menos oportunidades de desarrollar), una forma de hacerlo puede ser crear una masterclass de oratoria, y hacer un convenio para visitar instituciones educativas llevando la masterclass a esas niñas. Otra forma podría ser crear un esquema de formato TED para niñas y seleccionar una institución educativa para estructurar e implementar ese proyecto, y armar internamente conferencias en las que las niñas tengan que proponer un tema, redactar el discurso, practicar la oratoria y exponer en un evento de la escuela. Otra forma puede ser crear contenido en redes sobre la importancia de que practiquemos como niñas adolescentes oratoria, y dar tips. Una misma visión puede existir de muchas formas distintas, y esa forma puede depender de qué causa en particular queremos atacar, de qué falta en el ecosistema, de qué somos buenos haciendo, entre otros factores. Y hacé foco: no tratés de abarcar todo desde el día uno.

También hay que decidir si lo hacés sola o con colegas, amigos, o socias. Sola implica velocidad y control. Con otras personas implica energía sostenida y alguien con quien repartir la carga cuando el entusiasmo baja… y siempre baja. Lo importante no es cuántos o cuántas son al inicio, sino que estén alineados con la visión del proyecto.

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Paso 3: Metas: ponéte objetivos concretos y medibles

Acá está el salto que muchas no damos, y para el que hay que tener coraje: tratar el proyecto propio con el mismo rigor con que trataríamos cualquier proyecto profesional. Poné metas. Escribílas. Hacelas concretas.

Una de las herramientas más útiles para esto son los objetivos SMART:

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Recurso: Guía SMART y plantilla gratuita en Asana

Te doy un ejemplo aplicado a un proyecto de impacto social. En lugar de “quiero armar un programa de mentoreo para chicas de escuelas secundarias”, el objetivo SMART sería: “Vincular a 10 mentoras con 10 estudiantes de dos escuelas de mi ciudad antes del 30 de agosto, y medir si las chicas mantienen el contacto durante dos meses”. La diferencia no es cosmética: cambia cómo tomás decisiones y qué priorizás.

¿Cómo habrían sonado las metas SMART para Hacedoras cuando estábamos armando la organización? La verdad es que, al principio, nos costó mucho ser concretas y específicas. Hoy, después de cinco años, mi respuesta sería que nuestras primeras metas SMART podrían haber sido algo así: “En el plazo de dos meses, diseñar una masterclass de liderazgo para mujeres en políticas públicas y validarla con diez referentes de nuestra red. En el tercer mes, lanzar la masterclass en redes sociales, convocar a mujeres interesadas en políticas públicas de distintos países de América Latina y dictarla para al menos 50 participantes. Al finalizar, recoger feedback estructurado de todas las participantes para entender qué funcionó, qué no, y cómo mejorar la próxima versión junto con ellas.” Esa meta habría sido simple, concreta y accionable. Y, sobre todo, nos habría permitido hacer algo muy importante: empezar rápido, validar con nuestra comunidad y aprender en el camino.

Y por último: es válido (y muchas veces necesario) empezar con acciones que no requieran presupuesto. Hacer tracción primero te da algo concreto para mostrar cuando llegue el momento de pedir apoyo o financiamiento.

Paso 4: Da el primer paso; empezá con lo que podés hacer ya

El mejor primer paso es el que podés dar esta semana, con lo que ya tenés. No tiene que ser impresionante. Tiene que ser real. Y está bien empezar con cosas manejables: no hay que hacerlo todo para que el proyecto tenga éxito.

Tres acciones concretas para las próximas semanas:

  • Tres horas por semana bloqueadas en el calendario (por ejemplo, una hora tres veces por semana). No para resolver todo, sino para que el proyecto tenga un lugar fijo en tu vida.
  • Tres conversaciones con personas que ya hicieron algo parecido a lo que querés hacer. No un mensaje genérico: uno específico con tres preguntas concretas.
  • Un documento de dos carillas con la visión, la misión y los objetivos de tu proyecto. No para publicarlo. Para tenerlo como norte y compartirlo con quienes se sumen.
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La IA como copiloto de tu proyecto

Una de las cosas que más cambió en los últimos años es que hoy tenemos acceso a un asistente disponible las 24 horas para pensar con nosotras. Sin costo de agenda, sin necesidad de justificar la idea.

  • Para clarificar tu idea: Pedile a ChatGPT o Claude que te haga preguntas como si fuera un inversor escéptico. La presión de responder obliga a articular lo que antes era vago.
  • Para escribir tu visión y misión: Describí tu idea y pedile un borrador. Es un excelente punto de partida para editar y compartir. Tip: hacelo si podés mediante voz (hablamos más rápido de lo que escribimos, y trabajar con la IA con voz puede hacer que la interacción fluya más).
  • Para preparar conversaciones clave: Antes de contactar a alguien, pedile que te ayude a preparar tres preguntas específicas y el mensaje. La diferencia entre “¿Podemos charlar?” y “Vi que hacer X o armaste Y, ¿podrías darme 20 minutos para tres preguntas concretas?” es enorme. Tip: dale a la IA buenos inputs, por ejemplo, el documento que redactaste con la visión, la misión y los objetivos de tu proyecto.
  • Para definir metas SMART: Compartí tu idea y pedile que te ayude a redactar tus primeros tres objetivos SMART para los próximos 90 días.
  • Para mantener el ritmo: 10 minutos de retrospectiva semanal: ¿qué avanzé?, ¿qué no hice?, ¿por qué?

Casos reales: cómo lo hicieron proyectos que admiramos

Cuando empezamos Hacedoras, tuvimos la oportunidad de conversar con muchas de las mujeres que ya llevaban años armando estas organizaciones. Nos dieron consejos invaluables.

Estos proyectos latinoamericanos son referentes no porque hayan empezado con recursos o certeza, sino porque han impactado y siguen impactando a muchísimas mujeres de la región, y empezaron igual que vos y que nosotras: con una idea, un problema personal, una necesidad y una pasión por cambiar la realidad para mejor.

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Cómo avanzaron en cada etapa

Cómo avanzaron en cada etapa

En esta tabla resumimos la trayectoria inicial de estas organizaciones e incorporamos la experiencia de Hacedoras. Como podés ver, en Hacedoras estamos en etapas más tempranas que las de otras organizaciones, y eso también forma parte del proceso.

Lo que estos casos tienen en común:

  • El origen siempre es personal. En todos los casos, la fundadora vivió el problema antes de resolverlo. No hubo investigación de mercado previa: hubo experiencia propia.
  • El primer paso fue pequeño y concreto. USD 100, 15 alumnas, un concurso, un programa local, una publicación en redes para armar comunidad. Ninguna esperó el modelo perfecto.
  • Los recursos llegaron después. Ninguna empezó con financiamiento. Hicieron tracción primero, y eso abrió puertas.
  • Validaron antes de escalar. Todas hicieron un piloto pequeño antes de expandir.
  • Hicieron foco. No intentaron abarcarlo todo desde el día uno.
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Fuentes: Mujer Financiera. Laboratoria, Aequales, Chicas en Tecnología.Esta información fue recopilada a partir de medios y fuentes online, por lo que puede contener algunas imprecisiones. La intención no es reconstruir cada historia de forma exhaustiva, sino transmitir la esencia de cómo comenzaron estas organizaciones que admiramos.

Una cosa más: la constancia y el tiempo

Hay algo que no se dice lo suficiente: los proyectos tardan más de lo que esperamos. Laboratoria tardó años en consolidar su modelo. Mujer Financiera investigó durante siete años antes de lanzar.

Hacedoras tampoco fue inmediata. Por un tiempo (que duró más de tres años) fue como tener dos trabajos full time a la vez. Lo que mantuvo el movimiento no fue el entusiasmo inicial (ese sube y baja), sino las conversaciones con mujeres que ya habían recorrido este camino antes que nosotras, y haber tratado el proyecto con método y metas claras.

Un proyecto paralelo no puede competir con tu trabajo principal ni en tiempo ni en energía. No tiene que hacerlo. Lo que necesita es consistencia: tres horas semanales intocables, una cadencia que no dependa del estado de ánimo.

Las cosas que duran no son las que empezaron con más fuerza. Son las que encontraron su ritmo.

Para cerrar

Tal vez tu idea no se pueda concretar o tome una forma completamente distinta de la que imaginás hoy. Pero ninguna de esas respuestas aparece antes de empezar. Aparecen mientras avanzás. Y hay algo que te aseguro: no fracasa un proyecto que no avanza… El único fracaso es no intentar. ¿Todo lo demás? Es un aprendizaje… de esos que valen todo el oro del mundo.

No necesitás tener todo resuelto para empezar.  Si hay una idea rondando tu cabeza, esto es lo que te pido: darte la oportunidad de tomarla en serio. No es necesario ejecutarla mañana. Solo de sentarte con ella y hacerle preguntas. ¿Qué problema querés resolver? ¿En qué formato podría existir? ¿Cuáles son tus primeras metas SMART? ¿A quién podrías escribirle esta semana?

¿Qué idea merece que le des una oportunidad?

Fuentes y recursos

Una nota final: este newsletter se elabora con asistencia de IA, pero el foco está siempre en transmitir aprendizajes reales y en pensar cómo le pueden servir a la comunidad de Hacedoras.